martes, 6 de julio de 2021

Estás

Siempre estás:

Esperándome en cualquier canción, cuadro, película o partido.

Saltas, me pillas desprevenida, apareces de repente hincando tus incisivos en mi yugular.

No puedo resistirme.

Tampoco

quiero

    hacerlo

Imagen

Sueño

Invención

R

E

A

L

I

D

A

D

Ahí te encuentro.

Estás.

Siempre.

.

.

.

Conmigo.

martes, 19 de enero de 2021

Tu olor

 

Recuerdo que abruptamente

                                rescata mi memoria.

Sin previo aviso.

Indolente.

Inmisericorde.

Aquella ventana abierta

                                hizo que mi marcha cesara.

Cedro.

Cítricos.

Un toque de canela.

Mis sentidos se activaron

                                sin desearlo siquiera.

Indignación.

Tristeza.

Melancolía inmensa.

Seguí mi camino

                                maldiciendo al tiempo.

A mí.

A la vida.

A tu fragancia.

Tu inconfundible

                                y maldito olor.

domingo, 20 de diciembre de 2020

Un duende particular.

 

Rami era un duende distinto, peculiar. Lo sabía prácticamente desde que nació. Aquella nueva normalidad que había traído la pandemia le estaba nublando la razón. Era talludito (rondaba los 47 años, año arriba, año abajo). Espigado, delgado. De cabello azabache siempre peinado de punta, era muy locuaz. Demasiado. Y es que su sobresaliente inteligencia le jugaba malas pasadas. Le daba vueltas a todo aunque, de cara a los demás, lo teñía de chanzas y humor. Se burlaba hasta de su sombra.

Luego, en la soledad de su casa, las tornas cambiaban. Siempre, siempre, siempre, reflexionaba sobre lo acontecido en el día y no podía con ello. La realidad le superaba. Así, para nublar sus sentidos y confundir a su entendimiento, se hizo adicto primero al alcohol y luego a los psicotrópicos que conseguía del galeno de Avitáx, su aldea natal (añadir que entre los duendes no es tan complicado como entre los "humanos comunes" conseguir tales sustancias por nocivas que fueran).

Así pasaban los días, las semanas, los meses y el estado anímico de Rami no mejoraba.

Sucedió entonces que, tras una condienzuda investigación, llegó a sus oídos la existencia de Sairutsa, un destino maravilloso, utópico, en donde la gente vivía en armonía, ajena a los malos rollos, ¡¡sin mascarilla!!. Era la aldea gala soñada.

De manera que emprendió el viaje hacia aquella extraña y fantástica tierra rodeada de roca, verde y montañas. Iba dando palos de ciego por lo que se decidió a hacer un alto en el camino; habría de parar en casa de Noj, apodado "El Fantástico", quien tenía objetos encantados. Entre otros, Rami era conocedor de una brújula mágica que le revelaría la situación exacta de su destino.

Ni corto ni perezoso se plantó en casa del afamado coleccionista y vendedor. Llamó a la puerta y, tras unos instantes, un viejo gnomo barbilampiño acudió al reclamo. Regatearon, ¡vaya si lo hicieron! y tras una acalorada discusión, llegaron a un acuerdo, no exento de una rara premisa: si quería que la brújula funcionase, Rami habría de bailar en la media noche de la próxima luna llena junto a una ninfa del arroyo cercano. La canción, tendría de ser cantada por la fémina deidad.

Y ¡efectivamente!, por más que nuestro protagonista tratase de hacer funcionar el extraordinario artefacto, no era capaz. Resignado, esperó a que llegara la noche señalada, dedicando sus días al estudio de los "caldos" que le proporcionaban las cercanas tabernas, dudando en todo momento si sería capaz de llevar a cabo la misión encomendada. De manera que cuando el crepúsculo vespertino hubo finalizado, se acercó con toda la prudencia (y valor) del que pudo hacer acopio y, desplegando todos sus encantos dialécticos, convenció a una de las ninfas que allí estaban reunidas para que cumpliese la tarea perseguida.

"¡Hecho!" Sonrió para sí, lleno de gozo. Ya en su camastro, comprobó que la brújula funcionaba y que, efectivamente, sabría la ruta que le llevaría hasta su ansiada Sairutsa.

Al alba del día siguiente se puso en marcha. Tras un arduo camino, de cerca de un mes de duración, llegó al Shangri-La añorado. Lo disfrutó. Libó cada sorbo que la existencia le regalaba en aquel paraje. Pero la vida, siempre tan cabrona, hizo que la añoranza hiciera acto de presencia en su corazón, demasiado henchido de felicidad para ignorar tal sentimiento. Así que una mañana recogió su hatillo y sin mirar atrás volvió a su casa. Imperfecta. Infecta. Detestable en muchos momentos, sí. Pero era la suya.




martes, 17 de noviembre de 2020

Buscándome

 

Me pierdo en el laberinto que es mi mente.

Errática, vagabunda, herida... sin saber qué busca; olvidando lo que fue, es o será.

Echando de menos, doliente, como aquella Piedad arropando a su hijo. Igual de vacía.

Solo quiero cerrar los ojos, desconectar como el preso al que Pepe Hierro cantaba una nana: "Duerme. Ya tienes en tus manos el azul de la noche inmensa".

Descansar...

               ...y no despertar.

Sobrevivir

Decepcionada de tantos palos, de tantos desplantes, de que traten de hacerte sentir un cero a la izquierda. En el otro lado, mis niños. Mil te quiero diarios. Mil abrazos prohibidos. Mil llamadas de atención reclamando mi afecto. Les digo una, un millón de veces, que lo tienen.

Que a pesar de mis chillidos, les quiero con toda el alma. Que estoy orgullosísima de ellos. Que en apenas dos meses son parte de mí. ¡Si supieran que son mi tabla de salvación! El mundo intenta opacarme y yo, he aprendido a rasgar el cielo y mirar por un agujerito. Sobrevivir.


Ilustración de Ana Novaes



jueves, 12 de noviembre de 2020

A dos ruedas

Aquel pelirrojo con cara de pillo era conocido en el pueblo por no despegarse de su BH roja.

No era raro escuchar desde cualquier ventana, a la hora de la siesta un hiiiiiiiiiiiiiiii, seguido de un shhhhhhhhh. ¡¡Efectivamente!! Antonio, derrapando con su bicicleta. "¡Estos jóvenes no respetan nada!" se lamentaba algún que otro vecino, cuando enfadado, no conseguía conciliar el tan ansiado sueño vespertino.

Al pequeño de grandes ojos color tierra no parecían importarle aquellos comentarios. Ajeno a todo y a todos, solo se preocupaba de tener a punto su bici: que estuviese limpia, las ruedas hinchadas y la dinamo en orden por si tenía que hacer uso de ella en alguna de sus nocturnas incursiones a...

- ¡¡Espera, esperaaaaaaa!! No corras tanto, poco a poco o no podremos seguir la historia. Pon orden a los acontecimientos, anda...

- ¡¡¡Tienes razón!!! Comenzaré el relato desde el principio.

Antonio era un pequeño de apenas 12 años. Hijo único, de ensortijados cabellos de fuego y pecas, muchas pecas repartidas caprichosamente por todo su cuerpo. Tenía una sonrisa pícara y encantadora. Altura media. Dedicaba sus días (y sus noches) a soñar con sus héroes: Perico Delgado, Miguel Induráin y él, sobre todo él. El que ganó el Campeonato de España de Ciclismo en ruta aquel 24 de junio de 1990: LAUDELINO CUBINO. Antonio creía que su vida estaba de alguna manera unida a la del bejarano. Ambos nacidos un 31 de mayo, recios, potentes escaladores. El pequeño tenía una foto suya colgada en la habitación y todos los días, antes de acercarse al Colegio, la miraba, sonreía y prometía que en algún momento volvería con aquel ansiado trofeo que Lale jamás logró: ganar la etapa de la subida a L'Angliru, la "romperiernas".

Vivía por y para el ciclismo. Aprobaba sin dificultad porque era espabilado. Era suficiente la explicación del maestro para tirar hacia adelante sin esforzarse demasiado y seguir entregado a su pasión.

No perdonaba un solo día de entreno. Daba igual la climatología. Estaba convencido de que, como decía aquel pintor del que no recordaba el nombre, "la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando". El entreno, era siempre el mismo: subir por el camino de la cercana montaña del bosque. Es lo que tiene vivir en Asturias, que hay cuestas y pendientes de sobra para ejercitar las piernas.

Así, Chronos se dio prisa por llegar a la veintena de Antonio.

Poco parecía haber cambiado, salvo su complexión y mudar la Escuela por la Uni.

Y una vez más, los destinos de Cubino y nuestro pelirrojo se cruzaron. Como le ocurriera al ciclista profesional, las rodillas de Antonio empezaron a notar la sobrecarga sobrevenida por los años y el esfuerzo prolongado. Llegaron las lesiones. Por más sesiones de fisio a que acudiera, por más que cuidase sus entrenos, por más... NADA conseguía paliar su angustia y con infinita tristeza hubo de bajarse de su fiel compañera para siempre.

El último día que estuvieron juntos, la aparcó en la entrada de su casa; así podía echarle un vistazo cada vez que entraba o salía. Esa visión fue tornándose dolorosa y una punzada en el estómago se situaba simplemente con intuir su sombra, pero no era capaz de desprenderse de ella. "Aún no", se decía.


Ya no era aquella BH de antaño, pero al llegar su cumpleaños, se acercó a un acantilado cercano y la tiró por el barranco. En ese instante, se retrotrajo a su infancia. Al color rojo de su fiel compañera. JAMÁS volvió a ser niño.



domingo, 18 de octubre de 2020

Fantasía

 La vida estaba en otra parte

no donde nos hicieron creer

nada de sueños, anhelos, poesía

canciones y miradas tiernas al ocaso.

 

Era otra cosa... Quizás el petricor

tal vez tu recuerdo

tomar pluma y papel

y, por un momento, inventar nuevos mundos

con Dvorak de fondo y su 9ª sinfonía.

 

Y charlar cara a cara frente a un té.

Complicidad, en ocasiones encubierta:

contención, juegos, travesuras;

en otras pasión, ansias desmedidas...

 

Sí, definitivamente la vida estaba en otra parte.

Se hallaba en ti, en mí

en tu cabeza, la mía

en nuestros puntos de encuentro.

Jamás estuvo ahí fuera...